Entre la cancha y la urna: el fútbol chileno frente a su propio plebiscito

Como mexicano viviendo en Chile, como directivo de un club con una historia tan particular como Audax Italiano, he aprendido que el fútbol chileno tiene un pulso propio. Tiene memoria, tiene identidad, tiene heridas y también tiene una fuerza comunitaria que no siempre se reconoce. Y justo ahora, a días de la segunda vuelta presidencial, la cancha y la urna se parecen más.

Ricardo Bernal 26-11-2025 / 16:38:56

Hay momentos en la historia de un país en que el fútbol y la política se miran como si fueran reflejos. No porque uno determine al otro, sino porque ambos revelan algo profundo: la manera en que una sociedad decide reconstruirse después de una fractura.

Como mexicano viviendo en Chile, como directivo de un club con una historia tan particular como Audax Italiano, he aprendido que el fútbol chileno tiene un pulso propio. Tiene memoria, tiene identidad, tiene heridas y también tiene una fuerza comunitaria que no siempre se reconoce. Y justo ahora, a días de la segunda vuelta presidencial, la cancha y la urna se parecen más.


Chile llega a esta elección con una discusión abierta sobre futuro, derechos, convivencia y proyecto de país. Es un proceso intenso, polarizado, a ratos áspero. Pero también es una oportunidad —como lo es para cualquier club después de una temporada difícil— de mirarse con honestidad y preguntarse qué quiere construir hacia adelante.

El fútbol chileno vive algo similar. Tras ciclos mundialistas muy complejos, la conversación interna en los clubes, en los cuerpos técnicos, en las hinchadas y en los pasillos del deporte gira en torno a una idea central: reconstrucción. No reconstrucción desde la nostalgia ni desde el lamento, sino desde la convicción de que la identidad se renueva cuando se reconoce a sí misma, cuando se entiende que no todo está perdido, cuando se acepta que hay que volver a levantar cimientos.


Esa misma pregunta atraviesa al país en estas elecciones:

¿cómo se reconstruye una comunidad que siente la cancha inclinada?

¿Cómo se vuelve a jugar en equipo cuando cada sector defiende su propio arco?


En el fútbol, la respuesta siempre empieza por lo básico: volver a mirar al jugador, volver a escuchar al equipo, volver a creer en el proyecto. En política, aunque suene más complejo, probablemente sea lo mismo: construir un nosotros lo suficientemente amplio como para que todos puedan respirar ahí dentro.


A veces pienso que Audax es, sin quererlo, una metáfora perfecta de lo que Chile discute hoy. Un club nacido de migrantes que encontraron en el fútbol un modo de pertenecer. Un escudo que mezcla raíces italianas con un arraigo profundamente chileno. Un recordatorio silencioso de que Chile siempre fue mezcla, siempre fue tránsito e identidad compartida.


Desde mi mirada de extranjero me sorprende cómo el fútbol conecta a un país incluso en los momentos donde la política lo separa. Un gol en La Florida puede unir a personas que votan radicalmente distinto en la urna. Una celebración en la tribuna puede suspender, por un instante, las fracturas que afuera parecen imposibles de resolver.


Quizás por eso, en estos días previos a la elección, viene a mi mente una frase de Mon Laferte, “Ya no me digan que tenga paciencia, que las heridas se cierran solas.”No como reclamo, sino como un recordatorio de que ni un país ni un club sanan esperando: sanan decidiendo, trabajando y apostando por un futuro común.

Eso mismo busca el fútbol chileno cuando decide reconstruirse en plena crisis. Eso mismo busca un país cuando entra a una segunda vuelta. Ambos saben que no se puede volver atrás; que la cancha está inclinada. Y ambos saben que reconstruir no significa solo reparar, sino imaginar.


En la pelota y en la política se juega lo mismo: la posibilidad de que Chile recupere una jugada colectiva. Una donde nadie quede fuera. Una donde el futuro no dependa del 10 brillante -saludos Leo Valencia-, sino de un equipo que decide avanzar junto.

El 14 de diciembre el país se definirá en las urnas. Y en las canchas, mientras tanto, el fútbol seguirá recordando que incluso en los tiempos difíciles siempre hay espacio para reconstruir, para creer y para volver a empezar.

Ojalá que, cuando Chile elija su futuro, mi Audax también esté escribiendo el suyo: asegurando un lugar en la Copa Sudamericana y demostrando que los sueños —en política y en fútbol— requieren convicción.”

Entre la cancha y la urna, Chile juega su propio plebiscito. Y, como siempre, será la gente la que marque el próximo gol.



Ricardo Bernal
Director de Estrategia y Desarrollo Deportivo Audax Italiano FC